Hace un tiempo CdR escribió, embebido en el delirio de sus apuntes, su particular entrada acerca a una bolsa de nueces y de toda la liturgia en torno al ritual de su descascarillamiento. Desde entonces he esperado el momento de poder sacar por extrusión algo tan genial de algo tan diminuto y aparentemente banal (aunque no conviene incurrir en el error, pues ya nos lo advirtió uno de los pocos miembros de una familia real al que respeto: lo esencial es invisible a los ojos).
Como no podía ser de otro modo, tras unos meses enterrado en la objetiva ciencia, ha sido necesaria una conversación con El Artista (ahora más artista que nunca) para que el Rey Lear, ahora compañero de celda de Segismundo, clamaran por un poco de oniria y descorcharan una botella de champán para dejar correr el glutamato y la serotonina, montando así su particular orgía en lo más fisiológico de mi alma.
Si la autoconsciencia es uno de los cúlmenes del raciocinio, pero la excitación y el deseo sexual vienen de algo más profundo y arcaico en nuestro ser, ¿es lícito, o por el contrario contraproducente, sentirse excitado al volverse consciente de la grandeza de alguna que otra pequeña obra de arte?
Y por eso tengo el fondo de pantalla que tengo (qué le vamos a hacer).
Como no podía ser de otro modo, tras unos meses enterrado en la objetiva ciencia, ha sido necesaria una conversación con El Artista (ahora más artista que nunca) para que el Rey Lear, ahora compañero de celda de Segismundo, clamaran por un poco de oniria y descorcharan una botella de champán para dejar correr el glutamato y la serotonina, montando así su particular orgía en lo más fisiológico de mi alma.
Si la autoconsciencia es uno de los cúlmenes del raciocinio, pero la excitación y el deseo sexual vienen de algo más profundo y arcaico en nuestro ser, ¿es lícito, o por el contrario contraproducente, sentirse excitado al volverse consciente de la grandeza de alguna que otra pequeña obra de arte?
Y por eso tengo el fondo de pantalla que tengo (qué le vamos a hacer).
Y así, fascinado por la cantidad de pequeñas minucias sobre las que se puede erguir un imperio, empiezo a pensar que voy a tener razón en eso que llevo unos meses diciendo ("¿Qué somos si no más que un cúmulo de errores y matices?"). Y es que es el detalle aquello que hace lo óptimo de la experiencia, de la tentación deseo y del éter carne. Después de todo, ¿qué es la carne sin el hueso, la vida sin el pecado y lo humano sin los sueños?
Qué es la vida, un frenesí;
qué es la vida, una ilusión
pues en la vida somos de hueso
y los huesos, polvo son.
¡Ay que ver, Jesús Cristóbal, para lo que nos ha dado una botella de ron, un par de hielos y la imagen de una pelirroja desnuda!

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