sábado, 1 de septiembre de 2018

Tras una curva puede esconderse una gran cuesta

Siempre que paseo por el centro de Murcia al regreso un viaje siento como ésta me arropa, cómo los poros se impregnan de esa cálida atmósfera con que la ciudad te da la bienvenida. Las calles respiran vida, las flores combaten la monotonía del gris asfalto, y Santo Domingo ya cicatriza de aquella trágica tarde en la que la ciudad lloró una pérdida centenaria. Y así, disfrutando de un café bajo el arco del Romea, me figuro el modo de resumir este último mes sin perpetrar un crimen al reducir a palabras lo indescriptible, condenando el fuego a las cenizas.

"Mira, tío, aquel saxo alto de anoche LO tenía... lo encontró y ya no lo soltó. Nunca he visto a un tipo que pudiera retenerlo tanto tiempo. 
Yo quería saber que significaba ese «LO». 
Dean se echó a reír. 
—¡Bueno, tío! Me estás preguntando sobre IMPON-DE-RABLES... Verás, hay un tipo y
todo el mundo estaba allí, ¿cierto? Le toca exponer lo que todos tienen dentro de la
cabeza. Empieza el primer tema, después desarrolla las ideas, y la gente, sí, sí, y lo
consigue, y entonces sigue su destino y tiene que tocar de acuerdo con ese destino. De
repente, en algún momento en medio del tema lo coge... todos levantan la vista y se dan
cuenta; le escuchan; él acelera y sigue. El tiempo se detiene. Llena el espacio vacío con
la sustancia de nuestras vidas, confesiones de sus entrañas, recuerdos de ideas,
refundiciones de antiguos sonidos. Tiene que tocar cruzando puentes y volviendo, y lo
hace con tan infinito sentimiento, con tan profunda exploración del alma a través del
tema del momento que todo el mundo sabe que lo que importa no es el tema sino LO
que ha cogido... —"

Quizá al hablar de una experiencia como la del Camino también estemos hablando de imponderables, pues,¿cómo retratar los valores de amistad y fraternidad forjados durante el mismo? ¿cómo anclar con palabras la sinfonía que el silencio del bosque aguarda para el éxtasis de los sentidos? ¿cómo explico que disfruté levantándome a las 5.30 de la mañana en mis vacaciones día sí y día también para machacarme 6 o 7 horas bajo el sol?.

En la naturaleza existe una extraña fuerza que impele al salmón a remontar río arriba, a la larva a evolucionar a crisálida, y a las Golondrinas Africanas (o eran europeas?) a portar cocos sobre Bretonia (tierra de los bretones). Quizá ese mismo motor fue el que me empujó a coger el tren armado con una mochila de 22L para Irún... al fin y al cabo, ¿no tira la cabra pa'l monte? Y así empezó todo... Ahora bien, conviene matizar: aunque la idea de realizar el Camino siempre ha estado ahí, no ha sido hasta este año cuando he visto en ella una oportunidad para descubrir, siempre de la mano de la aventura y la naturaleza, cómo manejar la soledad y la meditación. Nada mas lejos de la realidad, ha resultado ser una increíble experiencia de compañerismo y multiculturalidad, si bien uno siempre encuentra sus momentos de aislamiento para la introspección del ser.

Durante el Camino uno conoce a gente, mucha y maravillosa, viajeros que como tú se aventuran solos por los acantilados y bosques de la costa (alérgicos al secarral y carretera nacional del Francés); y conforme pasan los días, los kilómetros y los albergues uno pasa a formar parte, sin saber muy bien cómo, de una comunidad que te arropa con una cálida sonrisa y un ¡Buen Camino!. Eres un peregrino, y te sientes afortunado y orgulloso de ello.  Una de las principales protagonistas me dijo una vez que el camino no dependía tanto de ti mismo sino de la gente con la que lo realizas, y creo que no podría tener más razón. Así como la gravedad empuja la corriente río abajo formando pequeños cauces que se juntan y se separan al azar, la magia del camino hace que tu sendero se cruce con el de la gente idónea, discurriendo por trazados en ocasiones comunes y en otras paralelos, para compartir el viaje. ¡Qué distinto podría haber sido todo, pero que bien resultó el asunto!

Podría afirmar que este Camino ha sido un mes viviendo en una burbujita de europeísmo sin salir de España. Pequeñas minucias suscitaban a la controversia y la conversación ante el choque cultural y la diferencia de costumbres, lo que me ha llevado a apreciar lo maravilloso de la herencia ibérica, así como a reafirmar las lacras y el tercermundismo moral (y político-social) que todavía reina, por desgracia, en un alto porcentaje de los corazones en España. El espíritu del camino murió, apuñalado por el panderetismo del Tourigrino de Lidia, en el momento en el que el camino del Norte se unió al Francés, allá por Arzúa.  Es cierto que dicho espíritu no ha sido homogéneo a lo largo de toda la odisea, pues en algunas regiones éste era aniquilado en pos del mercantilismo y el dinero. Si embargo, el balance global es positivo: he podido descubrir de primera mano el norte y su gente, tierra que queda literalmente en la otra punta de la península para un Murciano. ¿De qué sirve lanzarse a ver mundo si ni tan siquiera conoces tus raíces? 

Podría detenerme a repasar los pormenores del viaje, poner una tonelada de fotos y comentar los pequeños trucos para explotar las posibilidades que el camino ofrece al máximo, pero todo eso ya está muchos sitios de internet. Mi consejo, que os aventuréis solos y a disfrutar. Como dijo el padre Ernesto: el camino del norte es para los creativos.







                          Irónicamente, el camino físico, en sí, resulta al final ser casi lo de menos.


Resumiendo, el caminante que salió en tren de Murcia hacia Irún se convirtió en Peregrino de un camino en el nunca amanece, allá donde la sombra precede a la materia y la bruma incendia, de madrugada, el perfil del bosque en los valles. Reuniendo valor penetró por los senderos ocultos en la niebla, descubriendo el detalle secreto en los toscos perfiles, y con ello la verdad sobre sí mismo.  El conocimiento te cambia, y por ello el viaje ha sido un éxito: la persona que volvió es dista ya de aquella que marchó.

Gracias a todos aquellos que, partícipes voluntaria o involuntariamente de esta aventura, sois responsables de que la imagen quede en la retina y la huella en el corazón.

¡Buen Camino!

Walking Dead 



sábado, 4 de agosto de 2018

12/33

La niebla avanza devorando las entrañas de lo bello, limitando la perspectiva a vagos perfiles y sombras platónicas,destellos en el mar de una luz que ya no existe. Paradójicamente, cuanta más luz intentemos arrojar desde fuera, mas opaca se torna la vista; el ciego entonces puede convertirse en rey en un mundo de tuertos.

Pero nada más que nosotros mismos nos impide aventurarnos hacia lo desconocido, bizarros y resueltos, y caminar por senderos ocultos hacia la Realidad. Sin embargo, no todo vale. Uno debe caminar con los ojos bien abiertos, pues de lo contrario no podrá apreciar lo barroco de la corteza del arbol, o el espectro de infinitos colores con el que el mar nos deleita al bramar contra las rocas. Ya lo dijo Virgilio: la fortuna sonríe a los valientes.

Y así, siguiendo el verdadero camino distinguirá uno lo tosco de la creación humana de lo colosal (pero diminuto) del alma, y liberárse del tiempo, el espacio y la identidad. Refugiado en cierto ascetismo, uno se sorprende: lo íntegramente humano nos hace eternos.

Y recuerda, peregrino, que hasta Santiago, como hasta la muerte, todo es camino.

"Para quien camina siempre hay un sol amaneciendo. Caminar es atravesar la noche en esperanza y descubrir cada día la verdad de la utopía y la vida del Amor"

lunes, 25 de junio de 2018

La noche de Walpurgis

A la mirada que busca y a los ojos que inquieren nada se les oculta, y en el silencio que acompaña a la contemplación de lo prohibido te descubres viendo el sol caer, coche tras coche, bajo el arco de una victoria tantas veces anunciada. Bajo tus pies la ciudad ruge en el Madrid que anochece, enseñando sus colmillos de gris y férrea fiera, mientras unos metros más arriba, durante las tardes de invierno, el cielo se inflama de rojo coral y purga las cadenas que te anclan al suelo.

Bizarro, te aventuras una vez más por esa línea alba que conduce a un paraíso de fuego y carnes empapadas, de cuerpos que se arquean y miembros que se estiran para temblar y finalmente sucumbir, estáticos, al éxtasis de un secreto deseo nuevamente encarnado. Por mucho que pasen los años nunca podrás dejar de ser un ángel tan fieramente humano. Reducido ya el edén a cenizas, un eco turba los remansos de tu Razón. ¿No es, al fin y al cabo, la consumación de lo humano, la unión de los cuerpos y el entrelazar de las almas, un acto intrínsecamente violento pero de irresistible belleza? ¿qué entes nos impelen a la midriasis, parálisis e hipnosis ante un espectáculo de tal oscura magnética? Ruge la tierra al vomitar sus entrañas, en cuya procesión consumen y exterminan, ardientes, hasta el color de la tierra. El rayo desgarra el cielo que existe más allá de las nubes, y la nieve, en su frenética y grávida estampida, devora y engulle todo cuanto encuentra. Tamaña cantidad de energía liberada no te conduce sino de vuelta a tu diminutez en un parpadeo cósmico.

Unas horas después, ya de vuelta al Sur, en el rítmico vaivén de los raíles quedas inmerso en la estampa. Las raíces violentan las pendientes sembradas de vida, aferrándose a esta mi tierra, seca y castigada al hastío de un sol que hasta el agua agrieta. Perfilan el horizonte riscos y bruma clara, en los que entre laberintos sin minotauro y con aroma de romero y esparto, se abraza oculta la palidez de los almendros en flor. Ya en casa, el castaño de la plaza danza con la brisa, cantando el sonido de una lluvia seca. Y así, con el sosiego y esta imagen en la retina, aquel eco que te hizo una dulce introducción al caos te muestra la otra cara de la moneda. ¿Acaso no quiebran y resquebrajan las raíces la roca madre, reventando sus pétreas vísceras en busca de un hogar? ¿y no estalla el cascarón en mil esquirlas cuando la vida se impone a la quietud? La sangre, el dolor y las heces preceden al llanto en el parto, y las fauces desgarran la carne en la lucha por la vida. Las mismas aguas que emanan juventud devoran navíos las noches de tormenta y estallan contra los angostos perfiles de la costa; mientras, los huesos se quiebran contra las rocas al fondo de una cascada, río arriba, bajo espumas que se elevan, como regidas por un secreto director de orquesta en una misteriosa danza.

De esta manera la naturaleza, en cualquiera de sus formas de muerte o caos, vida o armonía, encierra una violencia que nos fascina. ¿Será lo descomunal de las fuerzas que la mueven? ¿o acaso la caricia de aquello que fuimos y se nos impide ser, de aquello que en realidad somos, nos recuerda que los pulgares oponibles, la bipedestación y la autoconciencia siguen subyugadas a nuestras raíces más arcaicas? Nacimos del estallido de una supernova, asi que  bajo la perspectiva cósmica en cierto modo violencia fuimos, violencia somos y en violencia poética nos convertiremos.

El asunto es irónico, pues la única de las formas en que de veras la desprecias es aquella que surge íntegramente de lo Humano (su odio, el impulso y la vanidad). No obstante, ese mismo Humano es capaz de crear obras de una realidad tan onírica que convulsiona y violenta nuestra mente ante los imposibles que plantea, devolviendo a esta señorita su hábito de belleza.

Distorsionamos aquello que por naturaleza es hermoso para convertirlo en algo hediondo y retorcido por puro placer y deleite.

Y en cierto modo, sí, eso es algo muy nuestro.
Quizá tuviera Kubrik algo de razón con su famosa Naranja, o Lam en su Jungla.
(Fuente: http://www.blueplanetheart.it/wp-content/uploads/2017/05/lightning_last_year_by_oompa123.jpg)


"Quiero el amor o la muerte, quiero morir del todo, quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente que regando encerrada bellos miembros extremos siente así los hermosos límites de la vida" - Vicente Aleixandre

lunes, 26 de marzo de 2018

La estrella verde de cinco puntas

Sentado en lo más alto de la gran mole de arena de Erg Chebbi, los últimos rayos de sol ciegan la mirada mientras se resisten a morir tras unas colinas castigadas por la monotonía del calor y la sequía que domina en la vastedad de las llanuras del desierto. De cuando en cuando, una brisa que aflora se violenta y torna en viento que levanta la roja arena y golpea con fuerza tu cuerpo, desfigurando las dunas y borrando las huellas del pasado. En ese momento justo antes de que la dama de la noche inicie su reinado, asentada en su etéreo palacio estrellado y eternamente condenada al hastío de los amantes de un romance prohibido, recapitulas lo vivido, lo sentido y lo percibido durante los días que has estado por el país vecino, sur de tu sur, norte de muchos.

Contra toda expectativa el paisaje es verde, las montañas son altas y la lluvia no da tregua. Los verdes cultivos se extienden más allá de donde la vista alcanza y el horizonte se tapiza con bosques salvajes de pino que respiran vida. Más allá de la paloma blanca de marruecos, escondida entre dos cuernos de fría piedra, descansa el pueblo azul donde las casas de amontonan unas sobre otras y las escaleras se elevan hasta el cielo. La Dama Libre descansa allí en paz, y desde lo alto de la mezquita española el río ruge con furia y las aguas se arremolinan a su paso, partícipes de la hipnótica violencia con que la hechizada naturaleza nos hipnotiza. Te despides de este pueblo que te ha dado la bienvenida a tierras extranjeras y pones rumbo al sur.

palacios ocultos por
paredes de barro
Perdido por La Medina la lluvia cala y te empapa esa sensación de respirar historia e historias, de sentir que las paredes de barro y adobe entre las que caminas han sido testigos y protagonistas de las vidas de las casi medio millón de personas que las habitan, impertérritas al paso del tiempo durante 1230 años, guardando en silencioso secreto palacios de cerámica, madera, cuero y yeso. Arriba desde los balcones puedes ver las viejas curterías de cuero sobrevoladas por un olor nauseabundo atenuado con hierbabuena y menta, mientras que abajo las calles se estrechan, las alturas bajan y la luz disminuye, ¿se trata de un callejón sin salida? Furtiva, entre sus incontables minaretes descubres la universidad más antigua del mundo, maestra de Avicena, y afuera en el camposanto escuchas a alguien llorar como mujer su ultimísima pérdida. En el zoco se mezclan los olores de mil especias cuidadosamente ordenadas, el sonido de los machetes al romper el hueso y la voz de los comerciantes se eleva por encima del transeúnte bullicio que abarrota sus calles: ¡Alek belek!, uaha habibi. De noche las calles se apagan y sucumben al silencio; el azar te lleva a la casa de un desconocido, perdido entre humo, risas y cantos que se elevan más allá de las siete puertas de oro que guardan el palacio real.

De nuevo el destino es caprichoso, y unas horas al sur de La Medina te ves envuelto en un manto blanco y rodeado de bosque alpino, donde unos primates de culo pelado intentan pirañear todo cuanto esté a su alcance, desde cualquier tipo de comida a la antena de un coche. Ya en las llanuras del desierto, inmerso en el vaivén de la carretera, ves como la rocosa mole del bajo Atlas se alza imponente con sus laderas nevadas. La noche cae rápido, los colores se funden y al alzar la mirada para perderte en el mar de diamantes atrapados en lo inmenso de la distancia encuentras un sutil y caprichoso regalo, como el filo de un frenesí: descubres en su perlado resplandor el lado oscuro de la luna, el éter más éter, pequeño elixir de eternidad. Más allá de las nubes todavía queda cielo.
Fertilización in-vitro del Siglo III a.C


Después de aquél mágico espectáculo de colores y misterio los días pasan rápido. De vuelta a Tánger, donde todo empezó, tropiezas con Meknes, su zoco y la grandiosidad de la Bab Mansour. En el anacronismo de las ruinas de Volubilis, entre un arco del triunfo, una basílica y un prostíbulo descubres los mosaicos romanos tan distintos a aquellos que viste en Fez, Chefchaouen o Merzouga. No lo niegues, tú también quedaste con las ganas de tocar aquél falo de piedra en busca de..."fertilidad".


Ya en Tánger las nubes no te dejan ver el otro lado de El Estrecho, ni el suave beso entre los dos mares. Una mano te tira del abrigo y suplica por algo de comer, pero se lo niegas por inercia. ¿Qué clase de mundo nos hace capaces de negarle el pan a un niño?¿Qué te suponen 20 céntimos en un momento puntual del día? Te avergüenzas de ti mismo y quieres rectificar pero ya es tarde, los dados se han lanzado y has vuelto a sacar dobles por tercera vez.  La lluvia no puede lavar el pérfido hedor de la culpa, que llevas contigo a casa.

Ahora de nuevo en el piso, escribiendo estas palabras, busco los esquemas y algoritmos que compilan la experiencia vivida esta pasada semana.Pobreza, riqueza, estupidez y ciencia,  han sido los pilares de este viaje en el que he descubierto una tierra de sueños y sonrisas, pero también de miseria y anhelo. 

Al final de los viajes uno siempre se siente un poco más solo; después de todo, no habría sido lo mismo sin la gente tan genial con la que he tenido oportunidad de compartirlo. 

Ahora Madrid se me hace aburrida.Será que el suspiro de lo exótico barre, como el viento del desierto, la superflua materialidad que empaña los sueños.

"En la naturaleza nada hay superfluo". Averroes

domingo, 4 de febrero de 2018

Porretas ft Lechones -- Y aún arde Madrid


Hijos de la calle de Santa Comba
entrenábamos en Casa de Campo
Cuando el Cosme nos dijo adiós, yo me abro
Algo se murió en el vecindario
No es suficiente una canción
Para recordar aquellos años.
Cuando la Blume era un descontrol,
Cuando la orientación no era un engaño


[Chorus]
Recuerdo los buenos tiempos
recuerdo buenas historias
y aún arde madrid en mi memoria (x2)

Buscando balizas por el barrio
ocho truchillas se juntaron
imitando al Vichichoús
o a su querídimo Alberto el Sabio
Con el cigarro siempre en la boca
Frontales de Juanma y un buen mecheró
Hachazo Nogueira estaba entrenando solitario,
LA zona, droga y orientación

[Chorus]
Recuerdo los buenos tiempos
recuerdo buenas historias
y aún arde madrid en mi memoria (x2)

Donde estarán el Milvi y el Pychon, 
con el Ruso, bebiendo a volcar 
Raico la furgo estará llevando,
¡piensa en la gena si todo va mal!
Y ahora con 40 y muuuuuchos cigarros, 
por lechones mas saben que el diablo
Que SU orientación nunca se ha vendido
ni a las modas ni a empresarios


[Chorus x2]
Recuerdo los buenos tiempos
recuerdo buenas historias
y aún arde madrid en mi memoria (x2)

Ocho truchillas y allegados en su hábitad natural
[De izda a dcha: Pychon, Cosmonio, Ochotogena, Milvi, (Ambell*), Pivovarov, (Jose Saeta), Corrocho, Raicox ]


martes, 26 de diciembre de 2017

Una botella de ron, unos hielos y la imagen de una pelirroja desnuda

Hace un tiempo CdR escribió, embebido en el delirio de sus apuntes, su particular entrada acerca a una bolsa de nueces y de toda la liturgia en torno al ritual de su descascarillamiento. Desde entonces he esperado el momento de poder sacar por extrusión algo tan genial de algo tan diminuto y aparentemente banal (aunque no conviene incurrir en el error, pues ya nos lo advirtió uno de los pocos miembros de una familia real al que respeto: lo esencial es invisible a los ojos).

Como no podía ser de otro modo, tras unos meses enterrado en la objetiva ciencia, ha sido necesaria una conversación con El Artista (ahora más artista que nunca) para que el Rey Lear, ahora compañero de celda de Segismundo, clamaran por un poco de oniria y descorcharan una botella de champán para dejar correr el glutamato y la serotonina, montando así su particular orgía en lo más fisiológico de mi alma.

Si la autoconsciencia es uno de los cúlmenes del raciocinio, pero la excitación y el deseo sexual vienen de algo más profundo y arcaico en nuestro ser, ¿es lícito, o por el contrario contraproducente, sentirse excitado al volverse consciente de la grandeza de alguna que otra pequeña obra de arte?

Y por eso tengo el fondo de pantalla que tengo (qué le vamos a hacer).



Y así, fascinado por la cantidad de pequeñas minucias sobre las que se puede erguir un imperio, empiezo a pensar que voy a tener razón en eso que llevo unos meses diciendo ("¿Qué somos si no más que un cúmulo de errores y matices ondeando al viento?"). Y es que es el detalle aquello que hace lo óptimo de la experiencia, de la tentación deseo y del éter carne en este llano en llamas. Después de todo, ¿qué es la carne sin el hueso, la vida sin el pecado  y lo humano sin los sueños?

Qué es la vida, un frenesí;
qué es la vida, una ilusión
pues en la vida somos de hueso
y los huesos, polvo son.

¡Ay que ver, Jesús Cristóbal, para lo que nos ha dado una botella de ron, un par de hielos y la imagen de una pelirroja desnuda!

jueves, 19 de octubre de 2017

Panoramix

Hace tiempo lancé una pregunta al aire que parece que se fue con las golondrinas de Bécquer:




Cuando uno ve su poder económico-adquisitivo-físico-deportivo-competitivo limitado por causas de fuerza mayor, no queda más remedio que volverse un poco "picky" con las pruebas de Liga Nacional a las que asistir.  Tanto es así que ya, desprovisto de toda responsabilidad como deportista de alto rendimiento, y liberado de las cadenas de la ligadicción, a partir de ahora puedo permitirme el lujo de asistir sólo a aquellas pruebas que no vayan a ser "una fumada". 

Porque a mí lo que me gusta es la orientación, pura y ascética.

Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo lo que para mi ahora mismo es equivalente, por lo menos, a la Divina Comedia:


Cartografía impoluta
Trazados de calidad
Speaker y punto de espectadores
Bar con cerveza fría
Un terreno de lujo

¿Qué más puedo pedir? Más Ligas Nacionales así, bien hechas.

Un placer volver a ir fino y encontrar esa esencia salvaje y primitiva que nos acompaña furtiva control tras control, a pesar del nefasto estado de forma y la doble petada en mi odisea de 1h 40min de carrera larga (Homero estaría orgulloso). Después de todo, la orientación es como montar en bicicleta: llegas con las rodillas desolladas y los pantalones con agujeros... y no se olvida.

Con un bosque como este... ¡quién no quisiera ser un druida!
Próxima parada,  revancha en Euskal Herria. ¿Podre remontar ese Legutiano 1 - 0 Jorge?



"¿Qué es lo que pide todo placer? Pide anhelo de eternidad, profunda eternidad" - Martín Santos