domingo, 14 de junio de 2015

El síndrome del submarinista

Hace un par de semanas, en El Teorema de Tales comenté el proceso de metamorfosis de persona a Fedoboy, viendo como uno subyuga su Yo personal por un Todo constituido por una gran familia. Dicho proceso se concretaba en un triángulo, el cual, si todo va bien, parte como escaleno para oscilar durante el transcurso del año entre isósceles y equilátero. 


Para éste mes de Junio ya me marqué como objetivo alcanzar el ansiado triángulo equilátero (Mujeres, estudios, orientación) pues en él se daban las dos grandes citas del año, es decir, la Selectividad y el EYOC (el tercer factor siempre es importante). Todo parecía ir sobre ruedas: estudiar entrenar, estudiar entrenar, estudiar entrenar, estudiar  entrenar... pero era necesario, y así había de ocurrir, que llegara este fin de semana para que despertase de mi burbuja y me diera cuenta de que esto no era así.

Gracias a cierto Ser Rizado, que hace las veces de papi, la veces de técnico y otras de adversario, hemos podido disfrutar este fin de semana de una concentración en los hayedos de Legutiano, País Vasco, de cara a preparar el Campeonato de Europa. Quizá un poco tarde (a tan sólo una semana del EYOC) y con trazados y entrenos de calidad, éstos han sido unos entrenamientos clave para sacar conclusiones cruciales de cara a la gran cita.

El bosque europeo es peleón, los claros son sucios y los caminos traicioneros, lo mismo los ves que lo mismo no. Las sensaciones físicas tampoco han sido las mejores: las piernas tullidas tras fuertes subidas se unen a la dificultad para correr en laderas empinadas y resbaladizas, haciendo de la navegación en tramos largos una odisea. Los controles oblicuos en bajada son más chungos de lo que parecen, y hay que andar con mucho ojito de no perrear y dejar las subidas para el final. ¿Rodear o Magentear? He ahí la cuestión.

Durante estas tres semanas he intentado abordar el triángulo equilátero demasiado rápido, de sopetón como diría mi madre, y por ello al igual que el hambriento abandonado a su cerebro reptiliano come con ansia, yo como lechón ambicioso he pagado las consecuencias. He atravesado un mes de mucho estrés, y tras salir airoso de la PAU y de la fiesta en Ciu, encontrar la casa de Rorri a tientas y sobrevivir al burrito con jalapeños de Tierra, mi cuerpo ha dicho "hasta aquí has llegado, caballero". 

No he sido capaz de acabar dos de los tres entrenos de este fin de semana, las piernas no me dan para más y mi cabeza se resiste a mantenerse centrada en la carrera a partir de cierto punto. En consecuencia ahora me asaltan las dudas:

Hace una semana estaba en la pomada, ¿por qué ahora estoy en la mierda?

¿He entrenado lo suficiente?

¿Estoy preparado para este campeonato?

¿Sabré pelear en el bosque europeo o me comeré los mocos?

A falta de una semana para el EYOC sigo buscando respuestas, o quizá tan sólo excusas...
 "Un paraíso conseguido sin esfuerzo no entusiasma al creyente, la mitad del mérito de la gloria está en su dificultad"- Pio Baroja.


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