Ayuno de olvido

Quizá el equinocio traiga, 

de la paloma y el olivo su promesa más sencilla: 

aquella que despierta el arte en un alma atormentada,

y a los presos el sol que quiebra las rendijas.


Porque aún el humo rasgado de tu ausencia

perturba la calma negra de un eco vacío,

en mi hambre de ti, 

en mi ayuno de olvido.



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