Huele a café.
La mesa está llena de vidrios
picaresca de la noche de ayer,
y aunque los mecheros están localizados,
las púas andan aún en busca y captura.
El cenicero respira paz, lleno en la ventana,
y el sol pelea como todos los días en esta ciudad
por hacer un mínimo de acto de presencia.
Somos libres de las prisas de un reloj que no tenemos,
y que por lo tanto no hace tic-tac.
Cualquier día de estos aparecerá,
pues ahí está su cáncamo esperándolo
paciente sobre el póster de mujeres desnudas,
encima del sofá.
¿Por que hay boquillas por todo el suelo?
A ver si te buscas una musiquilla guapa, ¿no?, colega.
Anoche nos fumamos todo mi tabaco.
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