DISCURSO DE GRADUACIÓN HCSC 2015/2021

[JG]

Buenas tardes y bienvenidos a todos los asistentes, de parte del alumnado, a este acto de graduación de la promoción 2015/2021

Bueno chicos, aquí estamos. Después de 6 años parece ser que aquel diagnóstico de presunción de “medicina se termina” se confirma. Las palabras que ahora vamos a decir puede que sean las que con más esmero hemos escogido nunca. Porque no os vamos a engañar, despedirse nunca es fácil.

Nuestra sorpresa ha sido grande, ya que después de darle infinitas vueltas, este discurso se ha escrito solo y por accidente. Tanto es así porque todos, de forma involuntaria, han contribuido con su granito de arena estos últimos días. Y por eso, aunque aquí arriba hablamos dos, lo hacemos con la voz y el corazón de todos.

Hoy es un día alegre y de celebración, palomas blancas y jazmín y primavera. Pero nada mas lejos han sido unos meses extraordinariamente difíciles. Todos hemos sufrido de alguna u otra manera el azote de este enemigo invisible que todavía hoy nos hace ser cautos. Cuando vino lo peor y el mundo se sembró de una negrura que absorbe todo hasta la tristeza, dejando en ocasiones un vacío tal que no hay espacio ni para la nada, nuestra comunidad, aquí representada por nuestros padrinos, respondió a su juramento y arrojó ese poquito de luz que hoy todavía es vida. Y dieron más de lo que nunca podremos devolverles. Es por ello que, en nombre de la promoción, nos gustaría pedir a los asistentes que se pongan en pie para que guardemos un minuto de silencio. Y que de este minuto reciba nuestra comunidad, las familias y los fallecidos, en todos y cada uno de sus sesenta segundos, nuestra gratitud, nuestro respeto y nuestro cariño.

(Minuto de silencio)

[IRENE]

Como ha dicho Jorge, el día ha llegado. Podéis pellizcaros entre vosotros porque no, esto no es un sueño. Oh bueno, quizás sí que lo es, pero es un sueño cumplido. Me gustaría que todos mis compañeros hicieran un ejercicio. Os voy a pedir que cerréis los ojos e imaginéis que tenéis delante a vuestro yo del pasado, en el preciso instante en el que supo que quería ser médico. Me da igual si fue a los 8 años, a los 15 o a los 18, cuando el tiempo de la preinscripción a la universidad se acababa. Simplemente imaginadlo. ¿Podéis sentir cómo se emocionan, cómo les brillan los ojos, al ver en lo que os habéis convertido? Seguramente ahora mismo seáis la persona con la que vuestro yo pasado soñaba por las noches y, en un abrir y cerrar de ojos, lo que tanto deseaban se ha convertido en realidad. Enhorabuena.

Enhorabuena porque no ha sido un camino fácil. Al igual que la mayoría de vosotros, no he estudiado otra carrera, pero estoy segura de que pocas conllevan tanta implicación y exigencia como esta. Cuando la gente me preguntaba qué cuál es el secreto para sobrevivir en este mundo, me costaba encontrar una respuesta. Trabajo, inteligencia, vocación... Eran algunas de las palabras que me venían a la cabeza, pero ninguna era del todo acertada. Ahora que lo miro todo desde otra perspectiva, elegiría la palabra disciplina. Todos hemos renunciado a fiestas, viajes, quedadas... todo tipo de planes, porque nuestra carrera lo requería. Muchas veces la hemos puesto en primer lugar, por delante de otras muchas cosas. Eso, además, ha conllevado una gran carga emocional. Cuántas veces nos habremos sentido derrotados y habremos llorado de impotencia al ver que no alcanzábamos nuestras propias expectativas. Cuántas veces nuestros padres habrán sufrido con nosotros. La medicina nos ha exigido mucho a nivel intelectual y emocional, pero estamos aquí. Y por eso, hoy, tenemos que sentirnos orgullosos de nosotros mismos.

Pero, a ver, como yo siempre digo, hay que quedarse con lo bueno. Y es que estos seis años han dado para muchos momentos felices. Las amistades que se han formado estos años van a ser para toda la vida. Unas se formarían los primeros días de clase, cuando ni siquiera habíamos conseguido descifrar ese calendario infernal, con tantas letras y colores. Y otras lo habrán hecho poco a poco: en las rotaciones, en las fiestas, en la biblioteca, en las taquillas... Sea como sea, la clase del Clínico se ha convertido en una piña y os doy las gracias a todos por ello, porque para mí ahora somos como una gran familia. A partir de hoy nuestros caminos se separan, pero ni la distancia ni el tiempo podrán borrar lo que hemos vivido estos seis años. Además, hemos tenido la suerte de coincidir con unos docentes EXCELENTES, en mayúsculas, algunos de ellos presentes en este anfiteatro. Pocos profesores habrían estado tan implicados como para ofrecerse a darnos una clase extraordinaria de neuro, a las 7 de la mañana, como hizo el Dr. Porta, sacrificando sus horas de sueño (y las nuestras). Y pocos docentes nos habrían transmitido tanta confianza y cercanía como ha hecho el Dr. Falahat, incluso para atrevernos a gastarle una broma y hacernos los dormidos en clase, añadiendo después una coreografía un tanto descoordinada. Son muchos más los profesores que han aportado su conocimiento y experiencia y nos han hecho mejores médicos en muchos sentidos. Nos llevamos un pedacito de cada de uno vosotros. Y, por supuesto, no olvidemos a los pacientes que hemos conocido a lo largo de estos años de prácticas. Seguramente todos tengáis en vuestro recuerdo algún paciente que se convirtió en alguien especial para vosotros, con quien tuvisteis alguna pequeña conexión, a pesar de que muchas veces parecíamos invisibles. Para ese paciente que te contó su vida entera cuando le preguntaste por su tratamiento habitual o para aquel que te pidió que le agarraras la mano, fuiste su ángel de la guarda por un momento.

Pero lo más importante: hemos aprendido medicina, ese arte cuyo único instrumento es el paciente, la razón por la que hemos elegido dedicarnos a esto. Sabemos auscultar soplos, hacer suturas con punto colchonero y nos sabemos de pé a pá los TNM de cada cáncer que existe, o lo hemos intentado. Pero medicina es mucho más que eso y espero que a todos nos haya quedado muy claro. Medicina es mirar a los ojos a un paciente cuando este te cuenta el motivo por el que ha venido a Urgencias. Medicina es darle vueltas a cada caso, preguntarte el por qué de cada síntoma y de cada signo, sin dejar nada al azar, porque quizás de eso depende la vida del enfermo. Medicina es conocer a tu paciente y saber que cuándo dice que está mal, verdaderamente está mal, que algo no marcha bien. Medicina son muchas cosas, pero de todas yo me quedo con una y es la siguiente. Consiste en tratar a cada paciente como si fuera tu persona más querida y usar los conocimientos y habilidades que iremos adquiriendo para darle la mejor calidad vital posible y conseguir preservar su vida. Si tratamos a cada paciente como nos gustaría que trataran a nuestros padres, hermanos, parejas, abuelos o amigos, estaremos ejerciendo la buena medicina, que no se os olvide.

Y ahora, ¿qué? Queda el MIR, pero por un día no es el protagonista. Simplemente os diré que debemos estar alerta, pero tranquilos. Hemos llegado hasta aquí con nuestro esfuerzo y de la misma manera continuaremos trazando nuestro camino. Confiad en vosotros mismos, os conocéis mejor que nadie. Más allá, nos quedan muchos años de aprendizaje, pero con cada error cada vez seremos un poco más sabios. A partir de ahora tenemos la responsabilidad de mantener la excelente atención sanitaria que tenemos, de ser los médicos que nuestros pacientes necesitan. Hay muchas cosas que mantener, pero también hay otras que cambiar. O que lo van a hacer por sí solas. Como podéis comprobar, la medicina se está convirtiendo en un mundo de mujeres, pero no siempre ha sido fácil. Este mundo a veces no ha sido justo con nosotras, en ocasiones no se ha valorado nuestro esfuerzo ni se han reconocido nuestros logros. Así que, para ser breve, solo diré una última cosa: chicas, no dejéis que os pisoteen. No somos las nenas o las niñas, somos las médicas.


[JG]

Un colega de profesión dijo una vez que “un paraíso regalado no complace al creyente, la mitad del mérito de la gloria reside en su dificultad”. Nosotros hemos consagrado ya un cuarto de nuestras vidas a este arte, así que disfrutemos hoy de esa mitad que nos corresponde.

Ha sido un camino largo pero todavía inconcluso, en el que a pesar de los momentos malos, como ha dicho antes Irene, y como muchos de los que nos habéis acompaña habéis visto, decidimos quedarnos con lo bueno porque nuestra pasión por la Medicina es, como decía Gabriel Celaya, un arma de poesía cargada de futuro.

Nos despedimos aquí siendo inevitablemente un poquito más viejos, y lo más importante, siendo un poco más humanos, habiendo aprendido gracias a estos nuestros maravillosos padrinos, a amar a la vida y al paciente, el respeto a la dolor y la muerte, y siendo partícipes del grandísimo tesoro de pertenecer a esta comunidad y reconocernos en la profesión.

Con orgullo y la mirada al frente podemos decir “somos médicos”, “Somos clínico”, y esta es nuestra casa.

Enhorabuena chicos. Lo hemos conseguido.










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