Sapere Aude

Los días pasan, las semanas vuelan, el tiempo corre y no para.

Te miras al espejo y casi no te reconoces

¿Qué te pasa, Jorge? ¿qué te pasa, Jorge?

La universidad, los entrenamientos, el cultivo celular los Martes por la tarde... salir los viernes y los sábados de cerveceo; disfrutar acaso del dulce sabor del néctar mágico de algún que otro sótano cerca de Sol donde tus penas, tras danzar etéreas y dibujar figuras furtivas en el aire, van a morir desvaneciéndose en la inmensidad compartida del aire. Aquellos pequeños placeres de los que disfrutabas en verano luchan por sobrevivir, aferrándose a la vida con todas sus fuerzas, con terror al olvido. Pero la ciudad en la que vives y la gente que de la que te rodeas no son los mismos, y ellos te han cambiado.

Te conoces, Jorge, te conoces, y sabes que lo quieres todo,  pero también sabes que no se puede. La idea de decidirte a tomar un camino y tener que abandonar las posibilidades que otros te brindan te aterra, el no poder abarcarlo todo te puede. Plantado ante el retrato de Silvia Klamery, preso de su mirada y de lo mágico de su figura, te preguntas por qué eres como eres, por qué quieres lo que quieres y porqué estás en donde estás. Te miras al espejo y ya casi no te reconoces: pensamientos antes impensables para tu Yo pasado perturban tu mente y la Ira te consume por dentro. Duermes pero no descansas, siempre alerta, tu res cogitans se resiste a callar nunca y no te deja tranquilo. Entonces cruza tu mente, fugitiva,  una sombra de  duda como apenas un relámpago: ¿Qué quieres, Jorge, qué quieres?

Tras un rato buscando encuentras en esos ojos que han cautivado tu ser la respuesta: estabilidad, Jorge, lo que buscas es un poco de estabilidad dentro de esta frenética vida tuya. 

Respecto a por qué estas cambiando como estás cambiando... tendré que ir a preguntarle al hombre de mirada perdida del Cristo de la Sangre en otra ocasión

Sapere aude, Jorgito, sapere aude


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