[Por favor, para leer esta entrada pon en marcha la canción del vídeo de la parte inferior de la misma]
Me paro a pensar que pasaría si
no pudiera hacer NADA de Orientación durante los diez meses que pasaré en
Canadá.
Al principio pienso que no puede
ser tan malo, total, hay muchos otros deportes con los que mantener la forma (o
incluso mejorarla) que pueden estar bien como el Triatlón o el Campo a Través (Cross-Country
para los modernos); siempre he querido probarlos y puede ser un buena ocasión.
Pero sé que no, que por mucho que lo intente nada tiene lo que la Orientación
me puede dar, nada tiene lo que la orientación tiene.
Pero… exactamente ¿qué tiene?
Para los que están fuera sólo
eres un loco, un loco que madruga los fines de semana, viste ropa de payaso y
va al monte a “cansarse y perderse”…
En cambio, tú,
orientador, que por suerte o por desgracia estás dentro, para ti, la Orientación
es algo más, es mucho más.
Es una droga a la que eres
adicto:
1. Haga frío o calor, sea invierno o verano,
primavera u otoño, bajo un sol de espanto, entre una intensa niebla o al amparo
de la luna; aunque llueva, aunque diluvie, aunque granice, aunque truene,
aunque ¡Por Tutatix! Se nos cae el cielo
encima; Tú la quieres, tú la necesitas.
2. A pesar de los grandes desplazamientos, no hay
fronteras que te paren. Da igual cómo llegues, sea en coche, furgo, bús o
avión. Tú la quieres, tú la necesitas.
3. Duermes en un pabellón con una colchoneta
hinchable, un saco de dormir y un cojín que te acompaña hasta la muerte. Es
pleno invierno pero eso a ti te da igual, merece la pena pasar un poco de frío
en el calor de tu gente; Tú la quieres, tú la necesitas.
4. Subir cuestas interminables, atravesar bosques
ultraverdes, zonas rocosas, zonas pantanosas hasta la cintura o cruzar el
Mississippi corriendo... a ti eso no te importa; Tú la quieres, tú la
necesitas.
Tras haber realizado unos cuantos
controles te sientes libre, todos tus problemas desaparecen por un momento y entras
en ese estado catatónico, exótico, exuberante, casi salvaje y primitivo, en el
que te sientes grande, fuerte, voraz, donde tan sólo estáis tú y el bosque, el
bosque y tú.
Respiras con brío, tu corazón se
acelera y tus pulmones se expanden dejando que el aire puro y limpio del bosque
te purifique por dentro. Avanzas a pasos de gigante, ya no sabes si llevas los
clavos o dos trituradoras de Kilómetros, pues corres y corres devorando
kilómetros, pero no te cansas y quieres más, y más, y más… nada te puede parar.
Tu cerebro echa humo, trabaja a
un ritmo brutal analizando vaguadas, piedras, cortados, sendas, caminos, cotas,
verdes, rayados… a la vez que teje una red con todas las rutas posibles hacia
tu siguiente destino. Tú de eso no te das cuenta, pues ves todo con una
claridad pasmosa, como a cámara lenta, como si el bosque estuviese hecho a
medida para ti, pues no tropiezas, no caes, no retrocedes, no dudas: tan sólo
avanzas hacia un final que no quieres que llegue. La meta, ese doble círculo
que espera paciente e incansable al final del recorrido significa el final de
la experiencia y la vuelta a ese mundo real, al de los problemas y
preocupaciones, a ese mundo que oprime sin querer queriendo ese instinto de
libertad, casi salvaje, en el que te encuentras en carrera.
No quieres, pero finalmente
llegas a la meta. Has hecho una buena carrera y cuando recoges los parciales te
sorprendes, ¡Tú no has pasado tanto tiempo en el bosque ni de broma!
De repente te sientes cansado, se
ha acabado la experiencia y el esfuerzo pasa factura. Intentas recordarte
corriendo pero no puedes, pues tenías toda la concentración posible, o si
prefieres puedes decir que estabas “fluyendo”,
y ni siquiera has podido guardado imágenes de ti mismo; pero nadie puede
quitarte el recuerdo de esa sensación.
Esa sensación a la que quieres
volver te hace entrenar, te hace seguir un día, y otro, y otro, y otro
esperando que a través de esas series en las que te sientes como un pajarillo
enjaulado en la pista, a través de esas tardes de empezar temprano y acabar
tarde, esperando poder volver a ella en
la próxima competición
Esa esencia, esa
conexión, ese bienestar, ese olvido, esa fluidez…
Sí, eso es, en verdad, la Orientación.
Lo has clavado!
ResponderEliminarMuy buena entrada Jorge!!! Da agusto leer este tipo de cosas ;)
ResponderEliminarGran entrada, da gusto leerla.
ResponderEliminargrande jorge
ResponderEliminarsuerte por canada